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Los Compuestos Perfluorados. Entrevista a Damiá Barceló


ENTREVISTA a Damiá Barceló, director del Instituto Catalán de Investigación del Agua (ICRA) y vicedirector del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA) del CSIC, donde se realizan diversos estudios sobre la presencia de los compuestos perfluorados (PFC) en el agua y los alimentos. Estas sustancias químicas son muy habituales en el medio ambiente y tienen efectos nocivos sobre la salud. A estas alturas no cuentan con una regulación específica en España.


- ¿Qué son los compuestos perfluorados (PFC)?

Son compuestos de flúor y carbono, que se utilizan mucho en detergentes, disolventes, en la industria del teflón para utensilios de cocina, el velcro, como retardantes de llama en muebles o alfombras, y también en algunos tipos de envoltorios y envases. Son productos con un uso muy amplio en la sociedad industrial. Ahora se ha limitado el uso de algunos de estos compuestos, pero otros todavía se están utilizando en gran medida.


- ¿Cómo entran los PFC en el organismo humano?

Una de las vías principales es el agua. Hasta ahora habíamos comprobado que están presentes en el agua de río y de precipitación, y ahora un estudio reciente del ICRA ha confirmado su presencia también en el agua del grifo de las siete ciudades más pobladas a lo largo del Ebro (Barcelona, Tortosa, Lleida, Logroño, Miranda, Zaragoza y Pamplona). Las concentraciones más elevadas se han encontrado en Barcelona; era de esperar porque es el área más industrializada. Son, en cualquier caso, porcentajes que no suponen por si solos un riesgo para la salud humana.

Otra vía muy importante es la alimentación, sobre todo por los efectos de los envoltorios, y es eso lo que estamos estudiando ahora, para intentar determinar cuál sería el límite seguro de ingesta de estos compuestos. También nos llegan por el polvo, por aspiración, sobre todo en lugares con mobiliario que tiene retardante de llama.


- ¿Qué efectos para la salud tiene la presencia de PFC en nuestro organismo?

Depende de varios factores, y el peso es uno muy importante. Un recién nacido tiene mucho más riesgo que un adulto, porque depende de la cantidad de sustancia por kilo de persona. Los efectos se están estudiando, pero uno de los que se ha visto por ahora es que pueden afectar la tiroides. No se puede afirmar que todas las alteraciones de tiroides sean causadas por estos productos, pero sí que se ha visto una relación en algunos casos, sabemos que es allí donde actúan.


- ¿Qué regulación hay ahora mismo?

Se han empezado a regular los PFCs que se han utilizado más, y los que se ha visto que producían efectos sobre la salud: el sulfonato de perfluorooctano (PFOS) y el ácido perfluorooctano (PFOA). Pero sólo están regulados por algunas agencias, como la agencia europea de seguridad alimentaria (EFSA), que marca el límite diario por kilo de persona de estas sustancias. No obstante, no dice nada del agua. Los contaminantes en el agua sólo están regulados en Alemania. En España no tenemos ninguna regulación específica ahora mismo.

Y la legislación va muy lenta. Primero hay que hacer las investigaciones y obtener resultados claros, demostrar que hay efectos, y después aún se tardan años hasta que se plasman en leyes, entre otras cosas, por las presiones de las empresas que fabrican los productos. Y, además, hay que tener en cuenta que cuando se prohíbe una sustancia, normalmente se sustituye por otra que, a la larga, también puede resultar tóxica.


- Estos productos tienen una larga duración. ¿Por qué?

Son contaminantes persistentes, porque son compuestos muy estables y son muy costosos de destruir químicamente. Pueden durar años, y van pasando a través de los diferentes estadios de la cadena alimentaria: desde el agua entran en los animales, y siguen la cadena trófica, del pescado pequeño al más grande, para entendernos, hasta nosotros. Se acumulan en los lípidos, y en humanos hemos encontrado en el suero, el hígado y la leche materna.


- ¿Qué presencia tienen en la leche materna?

Hicimos un estudio con 20 mujeres embarazadas de Barcelona, de manera totalmente voluntaria y confidencial, para analizar los niveles de PFCs en la leche materna, durante los 40 días posteriores al parto. Los detectamos, en la mayoría, de los casos en niveles bajos. Pero una de las mujeres que participó en el estudio mostraba unos resultados por encima de los límites de riesgo. Descubrimos que se trataba de una persona que trabajaba en contacto con disolventes desde hacía años, y le recomendamos que no diera leche materna a su hijo, porque los valores que presentaba, ingeridos por un neonato, estaban por encima de lo que recomienda la EFSA.

El estudio también analizaba fórmulas infantiles (preparados de leche para neonatos) y alimentos de cereales para bebés, y también se encontraron PFCs, seguramente provenientes del empaquetado, pero que no superaban los límites marcados por la EFSA. Ahora estamos ampliando todos estos estudios, en colaboración con médicos y hospitales, para poder determinar cómo se regularán estos contaminantes.


- ¿Cómo podemos reducir la entrada de PFCs?

Una gran mayoría están relacionados con los envoltorios de los alimentos, pero todavía estamos estudiando qué tipos de envases son los que más llevan. De momento no podemos generalizar, pero se puede tratar de reducirlos. Por ejemplo, en el caso de las frutas y verduras, mejor comprarlas al por mayor que no envasadas. Y evitar la comida rápida con muchos envoltorios. También sería bueno reducir el uso de disolventes en la casa, y los productos de teflón. Y con el tiempo, estoy seguro de que los PFCs se acabarán regulando.


- En cuanto al agua de consumo humano, ¿es más recomendable beber agua mineral que agua del grifo? Y los filtros, ¿qué hacen?

No hay que preocuparse por la calidad del agua del grifo, porque pasa muchos controles y muchos tratamientos, que garantizan que su consumo no conlleva ningún efecto negativo para la salud de las personas. La de río ya es otra cosa, porque se han detectado muchas sustancias que podrían ser un riesgo. Y no es que en Cataluña haya más contaminación que en otros lugares, pero aquí se ha investigado mucho y por eso sabemos más.

En cuanto al agua embotellada, depende. Si va en botella de plástico, hay que tener en cuenta que algunas tienen bisfenol-A, que es un disruptor endocrino, con consecuencias, por ejemplo, como el adelanto de la menstruación en niñas. Varios estudios en Alemania han mostrado que los envases de plástico son perjudiciales, incluidos los biberones. De hecho, ahora ya hay una empresa catalana que está fabricando biberones sin esta sustancia. Para el agua embotellada, pues, es más recomendable el envase de vidrio.

Con los filtros, hay de muchos tipos, y es importante hacer un buen mantenimiento. Pero en principio son útiles para sacar algunas sustancias. Hay que tener cuidado, pero porque si se sacan demasiado minerales con desionización, hay que remineralizar el agua. No se puede dar un consejo general, hay que mirar caso por caso. Los de carbono, por ejemplo, son buenos para mejorar el gusto. Sobre todo, es imprescindible seguir las instrucciones de cada filtro al pie de la letra.



FUENTES:

Sostenible.cat.

Econoticias.com



Lucía Madrigal                



Cómo nos Afectan los Compuestos Perfluorados


 "Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa"

Los compuestos perfluorados constituyen una familia amplia de contaminantes, de origen antrópico, entre los cuales destacan el sulfonato de perfluorooctano (PFOS) y el ácido perfluorooctanoico (PFOA). Estas substancias son muy estables y tienen una gran resistencia térmica, química y biológica. Además, son sustancias que se pueden disolver en agua y grasa. Estas características las hace muy útiles para multitud de productos industriales, como cosméticos, productos textiles, revestimientos antiadherentes e impermeabilizantes, productos quitamanchas, productos de limpieza, fitosanitarios, etc.

ACIDOS
SULFONATES
SULFONAMIDES
Perfluorobutanoico (PFBA)
Perfluorobutanosulfonato (PFBS)
Perfluorooctanesulfonamida (PFOSA)
Perfluoropentanoico (PFPA)
Perfluorohexanosulfonato (PFHxS)
Perfluorohexanoico (PFHxA)
Perfluorooctanosulfonato (PFOS)
Perfluoroheptanoico (PFHpA)
Perfluorodecanosulfonato (PFDS)
Perfluorooctanoico (PFOA)
Perfluorononanoico (PFNA)
Perfluorodecanoico (PFDA)
Perfluoroundecanoico (PFUdA)
Perfluorododecanoico (PFDoA)
Perfluorotridecanoico (PFTrA)
Perfluorotetradecanoico (PFTeA)
Perfluorohexadecanoico (PFHxDA)
Perfluorooctadecanoico (PFODA)


Hay muchos tipos de compuestos perfluorados. No obstante, todos ellos son sustancias muy estudiadas, que han sido incluidas en el Anexo B del convenio de Estocolmo sobre contaminantes orgánicos persistentes. Los riesgos para la salud que se han asociado a algunos ácidos perfluoroalquílicos son diversos, e incluyen diferentes tipos de cáncer. En estudios con animales, se han encontrado que algunos PFAS de cadena larga causan toxicidad hepática, alteran el metabolismo de los lípidos y los sistemas inmunológico y endocrino, provocan efectos neuroconductuales adversos, toxicidad neonatal, muerte y tumores en múltiples órganos y sistemas.

Igualmente, algunos compuestos perfluorados como los PFOS y los PFAS son persistentes en el medio ambiente y se acumulan a lo largo de la cadena alimentaria, lo que hace que estén presentes en muchos alimentos comunes.  A esto se suma que son absorbidos casi por completo por el cuerpo humano. Se acumulan principalmente en el hígado y en la sangre, se excretan muy lentamente por los riñones y pueden atravesar la placenta y acumularse en el hígado del feto. Además, estas dos sustancias son el compuesto final de la degradación de muchos compuestos perfluorados en el ambiente y dentro de los organismos vivos.



Desde 2008, la EFSA estableció una ingesta diaria tolerable para el PFOS y el PFOA por Kg y día, basándose en los efectos adversos sobre la síntesis de hormonas tiroideas y la concentración de HDL en la sangre de animales de experimentación, pero nada está claro ni es seguro, ya que muchos de estos compuestos se detectan ahora en grandes cantidades en los seres humanos.

Cómo se trata de sustancias bioacumulables, los alimentos convencionales tienen porcentajes variables de compuestos perfluorados. En un estudio realizado en Cataluña se encontraron PFCs en algunas carnes y sus derivados, pescados y mariscos, verduras y hortalizas, en tubérculos, frutas, huevos, leche, derivados lácteos, pan y cereales, legumbres, aceites, grasas y bollería. Por tipo de alimento, la aportación más considerable de PFOS la hace el pescado y el marisco, con 119,71ng/día, que representa el 93% del total, seguido a mucha distancia por el grupo de las verduras y hortalizas, con 3,40 ng/día y por la carne y sus derivados, con 3,30 ng/día.

En cuanto a la distribución de la ingesta de PFOA, el grupo de pescado y marisco es el mayor aportador, con 103,62 ng/día, pero sólo representa un 29% del total de la ingesta. Otros grupos importantes son la fruta, con 49,95 ng/día (14% del total) y las verduras y hortalizas, con 46,69 ng/día (13% del total).

Aunque atendiendo a estos datos, la EFSA afirma que el consumo de estas sustancias está muy por debajo de lo recomendado, hay muchas más fuentes de procedencia de estos compuestos tan conflictivos, que afectan seriamente al cuerpo y en cuyo interior permanecen aproximadamente cinco años. Se han observado efectos muy adversos sobre el hígado, la reproducción, el desarrollo, el sistema inmunitario, el sistema hormonal y el metabolismo lipídico. Aunque no son genotóxicos, también causan neoplasias por mecanismos indirectos, principalmente de hígado y de glándula tiroides.


Como hemos indicado, los dos compuestos más usados son PFOA, que ha sido ampliamente utilizado para hacer utensilios de cocina antiadherente, y PFOS, que ha sido durante mucho tiempo un ingrediente clave en las telas resistentes a las manchas. Estos dos productos químicos se han relacionado con muchos problemas de salud.

Una vez conocidos los riesgos, se ha ido eliminando su utilización en algunos productos, siendo sustituidos por otros alternativos del mismo grupo. Sin embargo, se han empezado también a detectar posibles problemas con algunas de las sustancias elegidas como sustitutas, pertenecientes al mismo tipo de compuestos. Algunas veces porque su degradación puede originar PFOS o PFOA, otras por los problemas que las sustancias alternativas pueden originar por sí mismas.

El problema es que estas nuevas sustancias son estructuralmente similares a las anteriores, y probablemente poseen muchos de los mismos riesgos ambientales o para la salud. Según algunos informes reportados: “... Los reemplazos más comunes de (PFOA y PFOS) son PFAS de cadena corta con estructuras similares, o compuestos fluorados con segmentos unidos por enlaces éter, que pueden resultar igual de nocivos que los primeros”.

Si bien algunas de las alternativas fluoradas de cadena corta parecen ser menos bioacumulativos, todavía son tan persistentes en el medio ambiente como las sustancias de cadena larga o tienen productos de degradación persistentes. Por lo tanto, un interruptor de cadena corta y otras alternativas fluoradas no podrían reducir las cantidades de PFAS en el medio ambiente. Además, debido a que algunos PFAS de cadena corta son menos eficaces, podrían ser necesarias mayores cantidades para proporcionar el mismo rendimiento.


Entre los problemas de salud posibles, asociados a los compuestos perfluorados están el cáncer, los problemas reproductivos, el hipotiroidismo, los defectos de nacimiento, múltiples daños en el sistema inmune, daños en órganos y otros problemas graves de salud. Además, migran desde los productos de consumo al aire, el polvo del hogar, los alimentos, el suelo y las aguas subterráneas abriéndose paso hacia el agua potable.

Podemos encontrar PFC en una amplia variedad de productos de consumo, en mayor cantidad en aquellos que están hechos para repeler el agua o resistir el aceite y las manchas. Productos que a menudo contienen estos químicos son:

Los alimentos.

Los recipientes para llevar comida, tales como cajas de pizza y envolturas de sándwiches.

Las ollas, sartenes y utensilios de cocina antiadherentes (teflón y similares).

Las bolsas de palomitas de maíz para microondas.

La ropa impermeable, para repeler el sudor o aislante.

Las tiendas de campaña.

La ropa con repelentes a las manchas o al agua.

Las prendas deportivas, salvo dos chaquetas, una de Vaude y la otra de Jack Wolfskin, una mochila de la marca Haglöfs y un par de guantes de The North Face.

Los productos para manchas de ropa y muebles.

Los alfombrados y los tratamientos para alfombras.

Ciertos cosméticos, especialmente las sombras de ojos, las bases, el polvo facial, el bronceador y el colorete.


Es probable que algunos envoltorios de comida, envases de bebidas, cajas de pizza y otros envases de alimentos puedan no contener PFOA, pero no por eso son necesariamente buenos, ya que los productos químicos de reemplazo de PFOA no se han evaluado de manera adecuada en cuanto a seguridad, y los nombres, composición y efectos sobre la salud de la mayoría están escondidos como secretos comerciales. Esta generación de PFC se utiliza en envoltorios de comida impermeables a la grasa, ropa impermeable y otros productos.

Para evitar la exposición a estos químicos nocivos, es aconsejable:

Comer principalmente alimentos frescos, crudos y a ser posible ecológicos.

Evitar los alimentos procesados y pre-envasados ​​de todo tipo.

Almacenar los alimentos y bebidas en vidrio en lugar de plástico y evitar usar envolturas de plástico y alimentos enlatados.

Utilizar sólo productos de limpieza naturales.

Utilizar productos de higiene personal naturales: champú, pasta de dientes, desodorantes y cosméticos.

Evitar usar ambientadores artificiales, suavizantes u otras fragancias sintéticas.

Reemplazar las ollas y sartenes antiadherentes por utensilios de cocina de cerámica, acero quirúrgico o de vidrio.

Usar ropa con tejidos naturales.


En conclusión, los compuestos perfluorados (PFC) se utilizan ampliamente en la industria para una gran variedad de funciones, pero no se desintegran rápidamente, permanecen en el medio ambiente durante un tiempo prolongado y afectan muy negativamente nuestra salud. Una vez detectados, tienen una vida media de eliminación de 5 años entre los seres humanos. Pueden ser transferidos a través de la placenta hacia el feto, y los niños pueden estar expuestos a los PFC a través de la leche materna y el polvo ambiental.

Es importante conocer los riesgos que conlleva su uso porque nosotros somos los compradores y por tanto los únicos responsables de los problemas que puedan ocasionarnos. Sin demanda no hay oferta, demandemos productos de calidad.

Todos los productos químicos (detergentes, decapantes, antipolillas, plaguicidas, desatascadores, disolventes, quitamanchas, alcohol de quemar, aceite de lámparas, sosa cáustica…) deben ser clasificados, envasados y etiquetados de manera específica, debido a su contenido peligroso para la salud humana y el medio ambiente. Es aconsejable que miremos las etiquetas con detenimiento, antes de comprar.

"La libertad significa responsabilidad; por eso, la mayoría de los seres humanos le tienen tanto miedo".



FUENTES:

Only One Chance. Philippe Grandjean. Paperback, 2013.

Disruptores endocrinos. Nuevas respuestas para nuevos retos. CCOO Istas.Octubre, 2012.

Silent Spring. Raquel Carson. Editor Houghton Mifflin; Edición: Anniversary, octubre de 2002.



Lucía Madrigal              



Entrevista al Profesor Nicolás Olea


El Dr, Nicolás Olea es doctor en Medicina y Cirugía, catedrático y Secretario del Departamento de Radiología y Medicina Física de la Universidad de Granada. Asimismo es el investigador principal de diversos proyectos científicos internacionales:

“Determinantes moleculares del metabolismo y la nutrición”.

“Incomunicación hormonal”.

“Nuevas estrategias terapéuticas. EDEN: endocrine disrupters”.

El Dr. Nicolás Olea está especializado en radiología y oncología y, desde hace años, trabaja para alertar de los peligros del uso de productos químicos para la salud.Este especialista lleva quince años investigando los efectos nocivos sobre la salud humana, de sustancias químicas presentes en alimentos y objetos de uso cotidiano.

Peces que cambian de sexo. Hombres estériles. Mujeres con residuos de pesticidas en su leche materna... Este profesor de Radiología y Medicina Física  lleva quince años investigando los efectos de ciertas sustancias químicas sobre la salud humana. Según él, «El 100% de la población tiene restos de pesticidas en la grasa corporal» y está convencido de que la exposición ambiental a estos productos, que se encuentran en los alimentos y en decenas de objetos de uso cotidiano, es la causante de innumerables enfermedades.


NICOLÁS OLEA PROFESOR DE RADIOLOGÍA Y MEDICINA FÍSICA DE LA UGR: «EL 100% DE LA POBLACIÓN TIENE RESTOS DE PESTICIDAS EN LA GRASA CORPORAL»:

-¿Qué son los disruptores endocrinos?

-Se trata de compuestos químicos contaminantes ambientales, que una vez dentro del organismo humano 'imitan' a las hormonas naturales. La mayor parte, a las hormonas sexuales femeninas o estrógenos. Otros pocos interfieren con las hormonas sexuales masculinas o andrógenos. En algún caso más, hay imitadores de las hormonas del tiroides o del control del azúcar en sangre. Los efectos descritos están relacionados con estos sistemas hormonales: infertilidad, endometriosis, malformaciones génito-urinarias, diabetes o aumento de la incidencia de algunas formas de cáncer, como mama y testículo.


-¿Qué sustancias químicas de uso cotidiano son potencialmente peligrosas para la salud?

-Si nos ceñimos al mundo de los disruptores endocrinos, el censo incluye cerca de 800 compuestos identificados como tales. Hace unos años se pensaba que tan solo algunos pesticidas de uso agrícola tenían esta propiedad. Hoy día se sabe que tanto algunos componentes del plástico, como algunos detergentes o componentes de productos cosméticos pueden ser disruptores endocrinos. Hay que tener en cuenta que la UE reconoce que de los 140.000 compuestos químicos fabricados por el hombre, sólo hay información toxicológica suficiente de 140.


-¿Es posible demostrar la relación entre la exposición a determinadas sustancias químicas y enfermedades como el cáncer, el Alzheimer o el Parkinson?

-Realmente establecer una vinculación entre exposición y enfermedad es una tarea difícil, ya que se trata, en la mayor parte de las ocasiones, de enfermedades de aparición tardía, multifactoriales y con un largo periodo de incubación (tiempo que existe entre la exposición y la manifestación clínica). A pesar de ello, las asociaciones son lo suficientemente serias como para poner en marcha el llamado principio de prevención, que viene a decir algo así como “cautela ante la incertidumbre”.


-¿Existen estudios científicos que prueben el peligro de ciertos productos químicos?

-Existen, al menos en el mundo animal. Está el caso preocupante de los moluscos de las rías gallegas con una enfermedad que se llama imposex y que los hace estériles, o los peces del río Ebro, con un síndrome que se llama intersex y que hace indistinguibles al macho y la hembra. Como bien dice uno de los 'descubridores' de estas afectaciones, si uno piensa que nosotros somos muy diferentes de la cañaílla gallega o la carpa del Ebro, durmamos tranquilos. Ahora bien, si pensamos que navegamos en el mismo barco...


-Cada vez son más los científicos que hablan de estos temas. ¿Están respondiendo las administraciones en consonancia?

-A duras penas. La Unión Europea apostó con valentía por la hipótesis ambiental. De hecho, el próximo mes de noviembre tendremos en Helsinki la reunión de expertos para analizar los diez años de trabajo desde la primera reuniónen Weybridge (Reino Unido) en la que se confió en la hipótesis y se subvencionaron trabajos de investigación. En España, hay algunos esfuerzos individuales de la mayor calidad científica en investigación animal. En humanos, se limita a lo que nuestro grupo de Granada lleva haciendo estos últimos quince años. Un hito fue la creación de la red Infancia y Medio Ambiente en la que participan Barcelona, Menorca, Valencia, Alicante y Granada, y que reclutó más de 6.000 niños desde el embarazo de sus madres y los ha seguido hasta los cinco años de edad. Hemos tenido ocasión de analizar los productos químicos en las placentas y establecer el mapa regional de distribución de contaminantes, por ejemplo de los pesticidas DDT y endosulfán.


-¿Y la industria?

-No conseguimos hacerlos interesarse en el tema en los aspectos que creemos del mayor interés: el conocimiento científico y la prevención de la exposición humana. Aún guardo en un marco la última carta que me dedicó el presidente de la federación de industrias químicas por comentar a la prensa lo que de forma repetida le había dicho en las reuniones científicas y en publicaciones internacionales: el 100% de la población granadina tiene DDT o sus metabolitos en la grasa. Es lo mismo que ocurre en el resto de España, sólo que nosotros lo hemos investigado. A pesar de la evidencia, la industria parece no interesarse y cree que es un asunto pasado que no ha tenido consecuencias.


-Para una persona que se desenvuelve en un entorno urbano, ¿es posible evitar estas sustancias? ¿Hay una pauta de consumo para minimizar la exposición?

-La exposición es muchas veces inadvertida, ya que los disruptores endocrinos se encuentran en múltiples artículos de consumo, por ejemplo, el residuo de plaguicidas en los vegetales o el de hormonas en las carnes; los componentes de los plásticos en los biberones, recubrimientos de latas de conserva o los selladores dentales; los ablandadores del plástico en tetinas y chupetes; los antialgas en la pintura de la piscina; los componentes de la cosmética como ftalatos, parabenes, canfenos y benzofenonas... Y así hasta 800 compuestos. ¿Pautas de consumo? Agricultura sin pesticidas, reducción en el empleo de alimentos preparados y no frescos, reducción en el consumo de plásticos y en el uso de cosmética...

Los disruptores endócrinos son sustancias del ambiente o exógenas que una vez en contacto con nuestro organismo pueden alterar el funcionamiento endócrino, es decir, producir un desequilibrio hormonal y afectar así la fisiología normal de nuestro cuerpo. La mayoría de los disruptores endócrinos llegan a nosotros mediante procesos industriales, a través de alimentos, objetos cotidianos, cosméticos, detergentes…están en múltiples productos de consumo habitual. Respecto a los pesticidas, la solución es consumir productos ecológicos, sin ningún tipo de procesamiento industrial. La mayoría de los químicos nos pasan inadvertidos y la razón a todo esto es que consumimos lo que nos ofrece la industria, sin cuestionar. Pero aquí tenemos confirmación científica de lo que ocurre. El profesor Olea tiene múltiples videos con los que podemos entender mejor sus investigaciones, en la sección “conferencias” de este “blog” podéis encontrar algunos enlaces. Os animo a hacerlo.




Lucía Madrigal               



Disruptores Endocrinos


Los Disruptores Endócrinos son toxinas exógenas, que una vez que entran en contacto con nuestro organismo, pueden alterar el funcionamiento de nuestro sistema endocrino, es decir, producir un desequilibrio hormonal y afectar así la fisiología normal del cuerpo.

Se han identificado más de 500 sustancias químicas sintéticas, sobre las que se conoce o se sospecha que tienen capacidad de alterar el equilibrio del sistema endocrino de los seres humanos y de otras muchas especies de seres vivos.

El equilibrio de los sistemas del cuerpo humano depende de la presencia de los mediadores químicos naturales que conocemos como hormonas, y los Disruptores Endocrinos pueden interferir en cualquiera de estos sistemas. Las consecuencias de esta alteración pueden ser graves y a menudo irreversibles, e incluyen efectos nocivos sobre el sistema inmunológico, la reproducción, el metabolismo, el desarrollo cognitivo de los niños y hasta aspectos del comportamiento psicosocial.


La mayoría de los Disruptores Endócrinos son productos de síntesis, que están incorporados a los productos para el hogar más comunes, los productos para el cuidado personal e incluso los alimentos y el agua.

Hay muchas sustancias tóxicas de este tipo, presentes en nuestra vida cotidiana. El número de ellas va creciendo año tras año. La Unión Europea, por ejemplo, en una base de datos del año 2007, incluyó como posibles alteradores endocrinos a 553 sustancias químicas. Dentro de ellas hay 197 que se ha demostrado que producen alteraciones hormonales en animales. Y entre ellas, 17 están autorizadas para ser usadas en cosméticos.

Muchos problemas de salud están relacionados con la acumulación de estas toxinas dentro de nuestros cuerpos, entre otros:

Cáncer de mama,  pubertad precoz,  criptorquidia o no descenso testicular, cáncer de testículos, endometriosis, cáncer vaginal, hipospadias, cáncer de próstata, muerte embrionaria, reducción del número de espermatozoides, malformaciones en el feto, deformaciones, disminución de la calidad de los espermatozoides, problemas en el desarrollo del sistema nervioso central, problemas en el desarrollo, disminución del nivel de testosterona, bajo peso en neonatos, modificaciones en las concentraciones de hormonas tiroideas, hiperactividad, problemas de aprendizaje, disminución del coeficiente intelectual y de la comprensión lectora…


Los Disruptores Endocrinos más nocivos son:


EL BISFENOL-A (BPA):

El BPA es un producto químico utilizado para fabricar todo tipo de plásticos policarbonatos, o resinas epoxi, que encontramos en latas de alimentos o bebidas, recibos de compras o extractos bancarios, CDs e, incluso, biberones o empastes de dientes.  Se integran también en muchas pinturas y recubrimientos de superficies, pegamentos muy usados en construcción y decoración…Puede encontrarse también, como aditivo en otros plásticos diferentes al policarbonato.

Estudios sobre animales han asociado  el bisfenol A con menor producción de esperma, anomalías genitales masculinas, mayor agresividad o peor cuidado de las crías, alteraciones en el tejido mamario que pueden propiciar el desarrollo de tumores...


DIOXINAS:

Las dioxinas son contaminantes ambientales que pertenecen a la llamada «docena sucia»: un grupo de productos químicos peligrosos que forman parte de los llamados contaminantes orgánicos persistentes (COP). Las dioxinas se encuentran en el medio ambiente de todo el mundo y se acumulan en la cadena alimentaria, principalmente en el tejido adiposo de los animales.

Más del 90% de la exposición humana se produce por medio de los alimentos, en particular los productos cárnicos y lácteos, pescados y mariscos. Las dioxinas tienen elevada toxicidad y pueden provocar problemas de reproducción y desarrollo, afectar el sistema inmunitario, interferir con hormonas y causar cáncer.


PERCLORATO:

Los percloratos son sales del ácido perclórico. Pueden generarse por procesos naturales o como producto de la actividad humana. En este último caso, suelen utilizarse principalmente en explosivos y pirotecnia, pero también están presentes en herbicidas, fertilizantes quí­micos, blanqueantes y otros agentes de limpieza.

Muchas personas pueden ser expuestas al perclorato a través de la dieta diaria, ya que está presente en muchos productos agrí­colas. El principal órgano afectado por estas sales es la  tiroides. Actúa sobre ésta inhibiendo la incorporación de yodo.


ATRAZINA:

La atrazina es un herbicida de producción sintética, de color blanco sin olor, no muy volátil, reactivo o inflamable. Es soluble en agua y es usada para eliminar hierbas, principalmente en fincas, pero también se ha usado a lo largo de carreteras y líneas ferroviarias. En animales expuestos a la atrazina se han observado daños en el hígado, el riñón y el corazón; también se ha demostrado en animales, que la atrazina produce alteraciones en los niveles de hormonas que afectan  a la ovulación y la capacidad para reproducirse.

La atrazina puede afectar a las mujeres embarazadas retardando el crecimiento normal de sus bebés. En animales expuestos a altos niveles de atrazina se han observado defectos de nacimiento y daños en el hígado, el riñón y el corazón. Aunque hay datos limitados sobre sus efectos en seres humanos y animales, puede haber relación entre exposición a la atrazina y varios tipos de cánceres.


PESTICIDAS ORGANOFOSFORADOS:

Son pesticidas que se aplican a los cultivos, en las plantas ornamentales y el césped de edificios. Se utilizan en cultivos como el maíz, el algodón, la cánola, la alfalfa, las verduras, las frutas y las nueces. La industria del control de plagas emplea los pesticidas OP en residencias y edificios comerciales. Asimismo, algunos productos para controlar las plagas en los gatos y los perros también contienen compuestos organofosforados.

Las personas se exponen a los pesticidas OP a través de las verduras frescas y procesadas que consumen, las superficies contaminadas que tocan, el aire contaminado que respiran cerca de donde se aplican los pesticidas (adentro y afuera de los edificios) y el agua contaminada que beben. La mayoría de la gente está expuesta en forma rutinaria a varios de estos pesticidas, debido a los múltiples usos y la ubicuidad de estas sustancias químicas.

Los síntomas de exposición a los pesticidas OP incluyen náuseas, dolor de cabeza, temblores, salivación y lagrimeo excesivo, incapacidad para respirar debido a una parálisis del diafragma, convulsiones y muerte en casos de una dosis mayor.  Además, algunos pesticidas OP causan daños reproductivos y al desarrollo, otros son carcinógenos y de algunos se sospecha o se ha confirmado que interfieren con el sistema endocrino.


ARSÉNICO:

El arsénico es un elemento natural de la corteza terrestre; ampliamente distribuido en todo el medio ambiente, está presente en el aire, el agua y la tierra. En su forma inorgánica es muy tóxico. Su mayor amenaza para la salud pública reside en la utilización de agua contaminada para beber, preparar alimentos y regar cultivos alimentarios.

La exposición prolongada al arsénico a través del consumo de agua y alimentos contaminados puede causar cáncer y lesiones cutáneas. También se ha asociado a problemas de desarrollo, enfermedades cardiovasculares, neurotoxicidad y diabetes.

La intervención más importante en las comunidades afectadas consiste en prevenir que se prolongue la exposición al arsénico implantando un sistema seguro de abastecimiento de agua potable.


RETARDANTES DEL FUEGO:

Son sustancias químicas tóxicas, que se usan como inhibidores de las llamas. Sin embargo, según Dale Ray, en el Chicago Tribune, no aportan ningún benefico adicional en caso de incendio, ya que no protegen realmente ni muebles ni aparatos electrónicos, y sin embargo, pueden ser peligrosos, ya que al quemarse desprenden mucho monóxido de carbono, gases tóxicos y hollín, lo que es causa de las peores afecciones y muertes por incencio. Además, cuando se queman producen gran cantidad de dioxinas y furanos bromados, clorados y bromoclorados, que son sumamente tóxicos.

Muchos tipos distintos de productos de consumo contienen sustancias químicas tóxicas comercializadas como retardantes de llama,  el firemaster 550 tiene efectos tóxicos y se usa en los muebles. El tris clorado es tóxico y está presente en los productos para niños. El DecaBDE se usa habitualmente en la fabricación de productos electrónicos, y se libera en el polvo…

Las sustancias químicas tóxicas comercializadas como retardantes de llama migran desde los productos a los hogares y al medio ambiente muchas de estas sustancias son persistentes y bioacumulativas. Son altamente tóxicas y peligrosas para la salud.


SUSTANCIAS QUÍMICAS PERFLUORADAS:

Son sustancias químicas contaminantes, entre los que están el PFOS y PFOA. Los compuestos perfluorados han sido usados en muchos productos de consumo desde espumas anti-incendios a papeles para envolver o sartenes anti-adherentes, pasando por pesticidas, ropas, tapicerías, alfombras o productos de aseo. Se usan también  como tensioactivos y emulsionantes en procesos industriales.

Hay sustancias de este tipo muy persistentes en el medioambiente y que han sido detectadas en la fauna silvestre y los seres humanos de todo el mundo. Diversas investigaciones con animales de laboratorio han mostrado asociaciones de este tipo de compuestos con daños en el hígado, el sistema inmune, el desarrollo y los órganos sexuales, entre otras cosas.


PLOMO:

El plomo es un veneno muy potente. Cuando una persona ingiere un objeto de plomo o inhala polvo de plomo, parte del veneno puede permanecer en el cuerpo y causar serios problemas de salud.
El plomo se encuentra en pinturas para el hogar, en juguetes pintados, perdigones de plomo, plomadas de pesca, pesos de cortina, artículos de fontanería, tuberías, grifos... El plomo se puede encontrar en el agua potable de casas cuyos tubos hayan sido conectados con soldadura  de plomo.

Aunque los nuevos códigos de la construcción exigen soldadura libre de plomo, este elemento aún se encuentra en algunos grifos modernos y en el suelo contaminado por décadas de emisiones de los coches o años de raspaduras de pinturas de las casas. Por esto, el plomo es más común en los suelos cerca de las autopistas y los edificios, también se encuentra en pasatiempos que implican soldadura, vidrios de colores, fabricación de joyas, barnizado de cerámica, figuras de plomo en miniatura (siempre mire las etiquetas), elementos de pintura y suministros de arte para los niños, jarras y vajillas de peltre, baterías de almacenamiento, utensilios de cocina…

El plomo puede ocasionar problemas de comportamiento o atención, bajo rendimiento escolar, problemas auditivos, daño renal, reducción del cociente intelectual, lentitud en el crecimiento corporal, dolor y cólicos abdominales (generalmente el primer signo de una dosis tóxica alta de intoxicación con plomo), comportamiento agresivo, anemia, estreñimiento, dificultad para dormir, dolores de cabeza…


MERCURIO:

El mercurio es un metal pesado, que no es apenas tóxico por exposición directa a sus productos mineros, como es el cinabrio o el mercurio líquido, y que incluso bajo esta forma se tomaba como laxante, tiempo atrás.

Sin embargo, sus vapores o sus compuestos orgánicos resultan muy tóxicos, en particular los complejos metilados, como metilmercurio (CH3Hg) y dimetilmercurio (CH3HgCH3).

Estas formas pueden pasar al hombre bien por inhalación de los vapores o a través de los alimentos y aunque se excreta a través del pelo o de las uñas, lo hace tan lentamente que puede terminar acumulándose en el organismo.

Se encuentra en los alimentos, especialmente en los pescados de gran tamaño, como el atún, fresco o enlatado y en el agua.

Afecta principalmente al sistema nervioso, aunque también altera el sistema inmunológico, los sistemas genéticos y enzimáticos e induce un desarrollo anormal de los embriones.


FTALATOS:

Los ftalatos son uno de los grupos de sustancias que contaminan más frecuentemente los hogares, ya que están presentes en montones de cosas de uso común. Cada año, solo en Europa, se utilizan cientos de miles de toneladas en los más diversos productos, muchos de los cuales son ampliamente usados en los hogares. Pueden, por ejemplo, integrar una parte notable del peso de plásticos como el PVC, como reblandecedores o plastificantes del mismo (puede ser un 30%). Pero pueden estar en muchas cosas más, como pegamentos y adhesivos, aparatos electrónicos, materiales de construcción, productos de limpieza,  productos de aseo personal (geles, champús, jabones, lociones, cosméticos...), perfumes, envases (tales como botellas de agua), pinturas, barnices, juguetes, arcilla para modelar, ceras, tintas de impresión, ropas y tejidos, ambientadores, pesticidas…

Entre los efectos asociados a los ftalatos se encuentran: asma y alergia infantil, limitación de la función pulmonar en hombres adultos, daños en el esperma,  anomalías en el desarrollo genital masculino (como la criptorquidia), alteración de los niveles de testosterona, ginecomastia en adolescentes varones, acortamiento de la distancia anogenital en varones recién nacidos (síntoma de feminización), alteraciones del comportamiento (como feminización de la conducta infantil), telarquia precoz (desarrollo prematuro de las mamas en las niñas), endometriosis, cáncer de mama, alteración de la formación de los folículos ováricos, partos prematuros, bajo peso al nacer (que puede traer aparejado mayor mortalidad infantil y mayor riesgo de problemas cardiovasculares y metabólicos en el estado adulto ), trastorno de déficit de atención e hiperactividad, problemas de desarrollo cognitivo y motor en los niños, obesidad, resistencia a la insulina (ligada a la diabetes)...


ÉTERES DE GLICOL:

Los éteres de glicol son una familia de más de 80 derivados. Ellos hacen excelentes disolventes. 30 de ellos se utilizan en la industria, especialmente para la fabricación de pinturas.

Los éteres de glicol están presentes, en particular, en todos los productos etiquetados como "al agua". También se encuentran como componentes principales en otros muchos productos: adhesivos, tintas, pinturas, barnices, disolventes, cosméticos, incluido el tinte para el pelo, productos de limpieza como lavar ventanas, productos para trabajar el metal (los fluidos de corte mecánico, desengrasado...).

Si se ingiere, se produce toxicidad aguda, que puede llevar a trastornos neurológicos, hematológicos, metabólicos y renales graves. Puede tener efectos sobre la reproducción. Existen investigaciones que demuestran que la exposición a estos productos produce concentración de esperma reducida y dificultades para concebir. En las células de la sangre se revelan citopenias que afectan, en particular, a los neutrófilos. Este fenómeno, normalmente reversible, desaparece con el cese de la exposición. Algunos éteres de glicol son capaces de entrar en el núcleo de las células y alterar la estructura y funcionamiento del genoma, lo  que puede tener graves consecuencias sobre el crecimiento y desarrollo celular.


Según la OMS: “Los diversos sistemas afectados por los Disruptores Endocrinos probablemente incluyan a todos los sistemas hormonales que van desde los que controlan el desarrollo y la función de los órganos reproductivos hasta los tejidos y órganos que regulan el metabolismo y la saciedad. Los efectos en estos sistemas corporales van desde la obesidad, infertilidad, reducción de la fertilidad, problemas de memoria y aprendizaje, hasta diabetes o enfermedades cardiovasculares, y un  largo etcétera”.

El mundo de la industria y de los productos de síntesis ha invadido nuestra vida y es muy difícil no estar en contacto con Disruptores Endocrinos, pero son productos muy peligrosos para la salud.

Si sabemos dónde se encuentran podemos evitar el uso y consumo de todos los productos que los contienen.

Nosotros demandamos y las industrias nos proporcionan lo que pedimos. Si cambiamos nuestra demanda y a través de nuestras elecciones, pedimos respeto a la salud y al planeta en que habitamos, eso será lo que obtengamos.




Lucía Madrigal